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      Sound City 2013 - Viernes

      Melody

      A falta de pase para el jueves, por burocracia y algo de desidia, empezamos el Sound City 2013 con un día de retraso, el viernes en Mello Mello con Eric Fuentes. El ex líder de The Unifinished Sympathy repasó su último trabajo, “Copper & Gold”, acompañado por Bernat Sánchez de Mine! al piano y Joan Thelorius de Tokyo Sex Destruction a la guitarra, quienes han colaborado en el disco. Fue un concierto de apenas media hora, ante un público desconocedor de su pasado que pasó un buen rato con su presente, su momento más sosegado. Íntimo y cercano, “The Eric Fuentes Show” –bautizado así por el mismo Fuentes– incluyó los temas “Unspoken”, “Brotherhood”, “You Must Have Been Crying for Ages”, “The Rush and the Wave” y “Make a Wish”, y llegó a su fin con “Deep Diver”, no sin antes versionar “God song”, de Bad Religion, y “It Was a Very Good Year”, canción de Frank Sinatra que forma parte del álbum “Copper & Gold”.


      Tras cenar en Egg, pasamos por la Arts Academy para gozar de Savages. Las londinenses, que acaban de publicar su primer disco, “Silence Yourself”, son pura energía oscura, post-punk del bueno. Riffs enfermizos y la extraordinaria voz grave de la cantante Jehnny Beth –quien, por cierto, tiene un parecido razonable con Lol de “This is England”– dejaron al público boquiabierto en más de una ocasión, con “Husbands” o, aún más si cabe, con la poderosa “She Will”. Sin duda uno de los conciertos más interesantes del Sound City, aunque no lo vimos terminar pues nos esperaban Melody’s Echo Chamber en The Kazimier.


      Asistimos expectantes a la cita con Melody Prochet y su banda, animados por la implicación del líder de Tame Impala, Kevin Parker, en la producción de su disco debut y porque parece que la joven artista francesa se ha convertido en la protégé del australiano. Alternando canciones en inglés y en francés, empezaron con la preciosa canción que abre su álbum, “I Follow You”, y a continuación ofrecieron una muy electrificada interpretación de “Endless Shore”. Ahí despejaron dudas y recelos; no son unos duerme-ovejas edulcorados con tintes experimentales sino un prometedor grupo indie de dream pop, dotado de una bonita voz y dos tazas de psicodelia. Su directo fue notable, en una sala perfecta para la ocasión por su acústica, aforo limitado y extravagancia. Se mostraron suaves, tiernos, marchosos, exóticos, geniales y hasta etéreos con “Bisou Magique”, “Some Time Alone, Alone” y “You Won’t Be Missing That Part of Me”, sonaron muy envolventes con “Quand Vas Tu Rentrer?” y lo dieron todo al tocar “Crystallized”, su mejor canción. Enérgica y llevando las pulsaciones y riffs al límite, contó con una parte instrumental de más de dos minutos que sirvió de precedente apoteósico para ir concluyendo la actuación. Como única pega podríamos decir que en ocasiones sonaron muy igual, pero el concierto no fue para nada decepcionante sino todo lo contrario. Melody Prochet es merecedora de tener a Kevin Parker de mentor.


      Con los que sí nos llevamos un chasco fueron Everything Everything. La actuación de los mancunianos fue intensa y todo un éxito de público, pero no lo que nos esperábamos. Con “Kemosabe” interpretada al principio para animar al personal, el concierto estuvo compuesto prácticamente a partes iguales por temas de su último álbum, “Arc”, y de su anterior disco, siendo estas últimas –“MY KZ, UR BF”, “Qwerty Finger”, “Photoshop Handsome” y “Suffragette Suffragette”– las que más destacaron, a excepción de la excelente “Duet”, claro. “Arc”, sin embargo, tuvo su redención en el tramo final de la actuación, con “Radiant”, “Don’t Try” y la más celebrada que bien ejecutada “Cough Cough”. Con todo, el concierto decepcionó porque íbamos a ver una banda alternativa de calidad, un espectáculo sonoro digno de presenciar, y resultó un show cargante. Los falsetes de Jonathan Higgs llegaron a fastidiar en algun momento y, peor aún, tuvimos la sensación de estar ante un nuevo concepto de boy band , ante los Backstreet Boys del indie.


      De ahí fuimos a Brooklyn Mixer, donde actuaban The Fire Beneath The Sea, una banda festivalera en el sentido estrictamente festivo de la palabra. El conjunto, formado por 15 personas, alegró el bar con su alegría en un concierto tan sólo reseñable si la tasa de alcohol en sangre era superior a 0,5 gramos por litro.


      Suerte que para cerrar la noche contábamos con The Tea Street Band, garantía de disfrute. Los cinco muchachos de Liverpool tocaron de 2.30 a 3 de la madrugada en Epstein Theatre –no en el escenario, cosa que hubiera sido rematadamente original y loable, sino en el bar– e hicieron mover cuanto esqueleto hubiera a su alrededor. Iban un poco alegres, hay que decirlo, y la voz no sonó tan bien como en otras ocasiones, pero bordaron la parte instrumental y su ímpetu se notó en el ritmo de sus temas. “PTFO” y “Summer Dreaming” fueron sencillamente sobresalientes.


      ORIOL BOSCH ||

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